miércoles, 10 de febrero de 2021

El Nueva Era es el futuro de una realidad en Latinoamérica, afirma Herman Lozano


 

En Latinoamérica nace fortalecido una ideología nueva Social progresista que se ha extendido a lo ancho de sudamericana ¿Está siendo derrotado en el imaginario político de la ultraderecha, derecha y de los grupos conservadores? representa el terror de la derecha y la ultraderecha, no lo pueden marcarlo como el socialismo del pasado.

El mundo se encuentra actualmente en medio de un nuevo impulso agresivo para lograr un nuevo orden a través de un poderoso y «eficiente» estado tecnocrático. Este nuevo orden ha sido etiquetado como «Social progresista».

El renacimiento y la fortaleza con que ha renacido la nueva y con gran fuerza la ideología social progresista, muchos pensaron que la era socialista no retornaría jamas a Latinoamérica, no se refiere solo a la caída de los gobiernos socialistas sino a una forma de comprender y ejercer el poder.

La situación política sudamericana se encuentra en un momento dinámico, la caída de gobiernos de liberales, conservadores y ultraderechista, esta llegando al final del camino.

El social progresista comienza rápidamente a ocupar todos los titulares periodísticos del mundo entero en la escena, se consolidan con nuevos gobiernos como México, Argentina, Bolivia, Ecuador y muy seguramente Chile.

Los restantes países como Colombia, Brasil, Perú no aguantan mas la crisis social, la pandemia y las grandes perdidas económicas, son gobiernos que se muestran inestables y provisorios, además de ser impopulares, no parecen constituir apenas una interrupción temporaria para un neoliberal de extrema, en el corto plazo, no tendrá condiciones de retornar. Con la llegada de Biden con un fuerte apoyo de la corriente progresista de Norte América pudo llegar al poder, contó con el respaldo del líderes progresistas Bernie Sanders y Kamala Harris la actual vicepresidenta de Estados Unidos.

Las fuerzas neolibrales desean proponer una agenda de cambio, que nadie les cree, el ciclo conservador esta terminando su corta vida, ha demostrado su incapacidad de poder brindar una seguridad a sus conciudadanos o para frenar un posible cambio de nueva ideología, se ha iniciado ya en tiempos el gobiernos de ultraderecha o conservadores.

El progresismo social se ha renovado en su principios y objetivos, como lo afirma el politólogo Hermán Lozano, se abren debates para discutir, cómo frenar las fuerzas con capacidad de controlar esta nueva corriente política que esta llegando a toda América. Los gobiernos de derecha y de ultraderecha colocan toda su capacidad de detener esta nueva ola e imponen candidaturas antipopulares, que creen porque hablan bonito, de hacerse pasar por centro light con cara juvenil, no cuentan con lo fundamental de un plan de gobierno, quieren imponer candidatos populistas sin ninguna preponderancia nacional y que buscan sostenerse a toda consta, que obstaculiza la construcción política incluso dentro de sus propias filas y precipitan la caída con mayor rapidez de gobiernos de ultraderecha.

Vivimos tiempos de experimentación y discusión intensa. Este da lugar a una amplia zona gris de propuestas municipalistas, plataformas de movilización, candidaturas ciudadanas, luchas desde el territorio o construcciones comunitarias que el progresismo social llega al aparato político ligado a la gestión de sus ideas renovadoras y social progresista para encontrar la solución social, desplazando a una clase social incapaz de poder, ver la realidad nacional y acuden con amenazas, cuando no reprime o busca neutralizar y a base de mentiras, quieren distraer el panorama político entre las cuales esta en decir que el país se va convertir en “catrochavista” desconociendo la realidad de estos países. Ya nadie les cree de estas mentiras y engaños.

Contra el factor desconocido de lo que vendría, lucha la derecha y la ultraderecha juntos se amangualan para sostener los gobiernos inestables, corruptos e impopulares en decadencia.

A contramano de esas búsquedas, una corriente de opinión impone una lectura ortodoxa y se valen a toda costa de las clase baja y clase media que temerosos al cambio y quienes prefieren vivir en la miseria debido al miedo al cambio, con la disculpa de no polarizar, no pueden ver el otro lado de lo se puede lograr en una sociedad social progresista. A esta posición se expresa todos los medios de comunicación que son generosamente financiados por los gobiernos de la ultraderecha, pero también en debates y expresiones orgánicas de una situación que es vivida como los últimos momentos de una guerra. Esos momentos es cuando los dirigentes acuden al terror e inician una casería de brujas contra todos los dirigentes sociales, asesinándolos, valiéndose de la fuerza publica para reprimir y subyugar a la población, incluyendo la desaparición forzada.

Voces encendidas contra los presidentes y ex presidentes, pueden hacer parecer que esa guerra existe, envuelve a toda la sociedad y expresa la oposición entre el pueblo trabajador y la oligarquía, aliada al imperialismo. Pero por fuera de la polarización no solo encontramos expresiones políticas nuevas, sino la propia base de la gobernabilidad de derecha. El pacto de las élites, derivado algunas veces en negocios comunes involucrando a sus protagonistas, es una forma de gobierno en que consensos transversales desmienten el enfrentamiento retórico y de disputa por el control de la gestión estatal, para su propio beneficio.

Desde este lugar, todo señalamiento crítico se lee como funcional a la derecha, cualquier búsqueda no alineada con líderes y partidos es acusada de ser divisionista y toda iniciativa que oriente energía política con autonomía, es duramente atacada, en una discusión estratégica que excede el ámbito de la política y hace tiempo invadió en todos los países las cajas de comentarios de Facebook y charlas del horario de almuerzo o cenas de navidad.

Con la certidumbre de que es necesario preservar o reconquistar el control institucional, toda protesta espontanea de composición mezclada que no reproduzca las coordenadas políticas de la derecha, se ve como tan nociva y negativa como organización de fuerzas disidentes e insurgentes son tratadas omo subversivos, candidaturas díscolas o tendencias organizadas dentro de partidos en decadencia y sin ningún objetivo a la vista, por afuera ellos, los liderazgos nacionales no existen o estructuras que se hegemonizaron por siglos, que cada vez más se alejan de la realidad de los estados, la fase estatal que hoy se acaba y tiene que terminar por no ser el fin primordial de estado democrático.

Si en Colombia el control de la justicia y la policía se convierte en un actor omnipresente en la política, en Ecuador se sueña por eliminar todo tipo de disidencia y Bolivia la ultraderescha no fueron capaces de detener la llegada del progresismo Social, interviene especialmente el campo de las organizaciones sociales. El lenguaje de la ultraderecha con que se acompañan estas campañas muestra quizás la faceta más deteriorada de un fin del ciclo que buscan mantenerse por medio del chantaje y la mentira de que a pesar de todo y llegar a firmar que lo otro siempre va a ser peor.

Todo han lo han hecho los gobierno de la Ultraderecha para derrotar al gobierno de Venezuela y posiblemente ha llegado la desaparición del grupo de los Diez organizado por Colombia y su futuro es funesto. Esto ha acelerado la caída de los gobiernos, que han conformado esté grupo, es implacable el ataque demarcador de la comunicación en contra de la nueva corriente política, que ha llegado a Latinoamérica. Sabe que sólo como el centro, delimitando una amplia derecha en decadencia ya no podrán seguir siendo alternativa electoral, aún cuando ya no sea una verdadera alternativa política.

Es cierto que con el avance o radicalización conservadora y la ultraderecha no pueden detener su retroceso y el avance del progresismo social, el cual recupera un lugar político de importancia en toda Latinoamérica, que poco antes se desdibujaba por la derecha retrograda la forma acelerada, después de una década de gestión pragmática y alianzas conservadoras. Para lecturas limitadas al juego institucional.

El progresismo social es una pieza fundamental para el desarrollo regional de integración continental y es la única manera de salir del atraso social que se viven en todo el continente. Es el progresismo social en el único que garantiza algunos consensos básicos, y cuya ausencia sólo beneficiaría a derechas que muestran su ineficiencia en un juego de marketing político, en el que hasta hace poco solo le iba bien a a ellos de derecha.

El fin de ciclo no significa de los gobiernos de ultraderecha y totalitarios no sea más una fuerza actuante. Esta es una muerte anunciada sin entierro, se relaciona con la inviabilidad de su forma de gobernar, su viabilidad electoral y sus tácticas siniestras para obtener los votos, sus alianzas parlamentarias, su relación con el sector productivo y empresarial, fatalmente deshecha por la crisis económica y un desgaste que se refleja en la desmovilización y pérdida de iniciativa. La derecha, que adoptó el lugar de mediador entre sectores capitalistas con los cuales se alió y en trabajadores, recuerda la frustración histórica en este sentido de la socialdemocracia europea, y su letal acercamiento con un poder y formas de gobernar cuyo sentido histórico había sido el de combatir o controlar.

Comprometido con un neoliberalismo que permitió la viabilidad del progresismo Social, a cualquier precio tenían que detenerlo y carcomerlo desde su interior, lo importante era detenerlo y extrayendo cualquier resto de anticapitalismo, la derecha dejó de garantizar consensos mínimos, se alejo de la realidad y se convirtió en máquina política de un capitalismo salvaje, ajena a los consensos nacidos de las movilizaciones que anteceden su formación.

La falta de enfrentamiento de las élites políticas, evitando cualquier medida que reduzca sus ganancias desmedidas de los sectores privilegiados, fue desplegándose en un sinfín de decisiones ejecutivas cada vez más abiertamente no conciliadoras con el poder tradicional. Así fueron haciéndose evidentes y visibles, medidas como la autorización del Fracking o fraccionamiento hidráulico, la promoción de minería a cielo abierto, la planificación de grandes obras como camino para garantizar la caja de la política y la planificación de infraestructura determinada por favores y afinidades.

La ultraderecha se retira después de haber entregado el comando de la economía a los mercaderes, con autorización de tratados de libre comercio, privatizaciones, ajustes de «austeridad» con recortes en lo social, aceptando la financiación de la vida y la destrucción de tejidos comunitarios, barriales, o microasociativos. El desencanto que lo rodea, en momentos de los gobiernos conservadores y ultraderecha toman la posta, sólo desaparece cuando la reconstrucción se da por nuevos caminos, de experimentación creativa, desde abajo y con autonomía.

El movimiento social progresista

Los líderes progresistas Sociales, las encuestas amañadas frente a la presencia importante de candidatos del Social progresista, afectados por por todos los medios de la gran prensa pagada por el gobierno de turno y el desgaste de una economía adversa y sin recursos económicos, que no pueden contar con la ayuda de la banca nacional. No logran sino usar las redes sociales para realizar sus campañas con un piso electoral alto, pero un techo bajo, las candidaturas presidenciales apuestan a seguir polarizando, pero se encuentran con antiguas bases distanciadas y alianzas sociales en buena medida desarmadas. Creo que las nuevas tecnologías cumplirán una función capaz de derrotar la ultraderecha.

Movilizaciones deben venir desde abajo por trabajo, derechos indígenas o reivindicaciones campesinas organizadas son despreciadas por los actuales gobiernos, no generaron en estos ninguna apertura o reflexión. Al contrario, sólo las posiciones conservadoras y nacionalista, punitivas, integristas, contraria a derechos de las minorías, fueron siendo asimiladas desde el discurso de ultraderecha, como reacción que buscaba revertir un retroceso en los antiguos bastiones, y que buscó también encontrar un salvavidas acercándose a la iglesia católica, utilizar el fútbol como medio par distraer la realidad nacional de los conflictos.

Las alianzas que sostienen en el territorio o el Parlamento a la derecha aún gobernantes, no pueden dar cuenta de este giro hacia el lado social progresista que coincide con la consolidación de las clase populares en contra de una entidad gubernamental de estos gobiernos caóticos, sectores religiosos, financieros, depredadores de la soja y la minería, o de la política tradicional para garantizar el apoyo parlamentario a toda costa con la mermelada pura y la participación en el gobierno e intermedian en los negocios a su favor.

Junto a un círculo de apoyo de todos estos gobiernos de derecha que se reafirma alrededor de un legado cristalizado en los años de aumento del consumo y el aumento de la pobreza, otros perciben un relato grandilocuente y propagandístico, adepto con cinismo a las teorías de conspiración, o de críticas de las nuevas derechas que no se sostienen cuando revertidas contra la experiencia de la ultraderecha de gobierno. Cuanto menor se vuelve la base social de apoyo, más alto y elocuentemente se evoca la disputa contra las fuerzas progresistas del neoliberalismo, el imperialismo y la derecha.

El retroceso de la derecha plantea desafíos para toda los social progresistas y no sólo para la que logren el apoyo de las mazas. Y uno de estos es dar respuesta al tema de la corrupción, mientras es eludido por una ultarderecha que se ve amenazada por esas denuncias, mientras se convierte en principal plataforma para avanzar creando la distracción de nuevas derecha disimuladora y engañadora o justicieros de turbios proyectos para la sociedad.

Con la victimización y asesinato de los líderes sociales es una presentación robusta de las investigaciones a operaciones de persecución política, escándalos de corrupción en Colombia, Ecuador, Panamá, Brasil generan un aislamiento de las inversiones extranjeras se produce en el exacto momento en que la posición de defensores del pueblo contra los poderosos ya no es más creíble.

La nueva época y las tres victorias del progresismo Social

Una nueva época parece delinearse en el momento en que el progresismo social comienza a ser el eje central de la política Latinoamérica, llegó renovado y para quedarse. No es todavía una realidad nueva cuando el antagonismo sigue planteado contra la herencia o la corrupción de las derechas, con el fin de la era de Trump, pone freno a las políticas de la extremaderecha, el foco de las guerras culturales conservadoras y de ultraderecha creyeron salvar la democracia de sus respectivos países, sin importarles nada, no les interesaba mucho menos que la democracia sea participativa y es desechable, invertían grandes cantidades de dinero con tal de lograr la victoria electoral, como el caso de Colombia, que se aliaron con los narcos y recibieron grandes cantidades de ese dinero, lo importante era ganar y si a esto la corrupción galopante en cada uno de estos gobiernos y con ideología que no representan nada, sino a los intereses de quienes financiaron su campaña, sus propósitos presentan al mismo como proyecto contrario a la moral de la nación.

Más allá de la polaridad, siempre hubo pactos interpartidarios y también internos y de la clase gobernante. La diferencia y la ceguera total marca el fin de un ciclo, es que todo lo basan y lo pasan al campo del medio y divididos en dos campos enfrentados, se vuelve más visible y relevante para entender o imaginar la realidad política. Esto ocurre en este momento, que encuentran en la misma articulación a todos lo grandes partidos en Colombia, generan indignación de todo el espectro político y pese de contar con una prensa y medios de comunicación que alaban sus acciones, alejados de la realidad nacional, por lo cual reciben grandes cantidades de dinero, disimulado como pauta publicitaria y que no hacen sino alabar a los gobernantes de turno, son verdaderos coros progobiernistas. No bastado su impopularidad del Gobierno de Colombia le ha caído a la fiscalía, la contraloría, un congreso que no recibido sino mermelada, desangrando las arcas del estado y colocando al borde del fracaso total y al precipicio.

Al mismo tiempo, todo lo anterior se convierte en la oportunidad del nacimiento de grandes protestas sociales y las calles se convierten en laboratorio al borde de un polvorín de nuevas formas de organización social que claman de una salida y la posibilidad de un encuentro entre sectores de clase media y baja indignados por el manejo de la pandemia, dineros destinados beneficiar el sector bancario, la subida injustificada a todos los productos de la canasta familiar. Las mentiras son la sustancia de cada día para hacerles creer a el ciudadano de a pie que eso es lo correcto.

El declive de la derecha se ha registrado en toda Latinoamérica y no hay forma de detenerla, han intentado acudir a los golpes militares para poder sostener el poder, con la llegada de las nuevas fuerzas social progresista en Argentina, Bolivia, Ecuador y próximamente el Chile y Colombia.

El progresismo social llega para quedarse y no tienen forma de detenerlo, la ultraderecha solo teme una sublevación total que la muchedumbre tomen caminos indeterminados, solo piden no se desconozca su realidad y exigen el pueblo cambios que pueda representar para lograr una justicia social, la proclamación de un número indeterminado de candidatos, en representación de partidos caducos frente a los ciudadanos. La de integración de organizaciones sociales en la búsqueda de una representación que agrupe una opción con una fuerza electoral fuerte y incluyente, Gustavo Petro ha tomado la delantera y ya sabe de antemano que su candidatura pone a tope todas las fuerzas del Gobierno en su contra, con mentiras y calumnias como pan de cada día, él sabe que tiene la razón y todas las fuerzas sociales progresistas lo rodearán en plena campaña y lo pondrán a las puertas del triunfo. El es conocedor de la necesidad de tener un congreso mayoritario para poder llevar adelante las reformas que necesita el Estado y también debe integrase desde adentro y también integrar las organizaciones sociales, para lograr la justicia social y la defensa de la naturaleza.

El pensador de la Universidad de Columbia Mark Lilla. Hace una reflexión sobre el arte de la política que me parece que se debería colgar en todas las facultades de Ciencias Políticas: «Uno se mete en política para resolver los problemas del país que existe, no el país que desearía que existiera». Pues eso, recomiendo este a los politólogos y políticos que quieran ocuparse del país en el que viven y no en el que quisieran vivir. No se puede desconocer lo que significa el olvidar la política por el dicho de “estar cundida de corruptos”, porque ellos terminaran con la tranquilidad de todos los integrantes de un Estado y tenemos que combatirlos con fuerza de integración y de unidad de la voluntad popular y soberana de todos para preservar la Nación.

Hermán Lozano

colombiasocialprogresista@gmail.com






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